Los Diálogos EstarB son un espacio pensado para abordar retos presentes en la práctica profesional, compartir experiencias y explorar alternativas y oportunidades de aprendizaje. En esta edición, la jornada se centró en las causas y factores de riesgo del bullying, el impacto emocional del acoso entre iguales en adolescentes y jóvenes, las estrategias de prevención y detección precoz, así como herramientas para acompañar a todas las partes implicadas.
Desde PDA Bullying participamos en la mesa de experiencias comunitarias junto con Júlia Prunés, en una jornada que reunió a profesionales de los ámbitos educativo, social, comunitario y de la salud mental.

La ponencia inaugural, a cargo de José Ramón Ubieto, psicólogo clínico y psicoanalista, ofreció una mirada profunda sobre el bullying, definiéndolo como una “falsa salida” ante malestares internos y dificultades propias de la construcción identitaria durante la infancia y la adolescencia.
Se destacó que el bullying no puede entenderse solo entre dos personas, sino como una escena relacional en la que intervienen quien agrede, quien sufre, el grupo observador y las personas adultas de referencia. Especialmente relevante fue la reflexión sobre el papel de los espectadores, que pueden sostener la situación con el silencio o convertirse en parte activa de la solución.
En cuanto a la definición de víctima, Ubieto señaló que, más allá de los estereotipos habituales, un elemento central es la dificultad de poder responder con palabras a la intimidación recibida, hecho que a menudo genera sentimientos de vergüenza, culpa y silencio prolongado.
También se abordaron las consecuencias y huellas que puede dejar el acoso, con impactos emocionales profundos y duraderos sobre la autoestima, la identidad y la manera de vincularse con los demás. En este sentido, se remarcó la importancia de una intervención precoz y reparadora para evitar cronificaciones del sufrimiento.
Igualmente, se compartieron indicadores de alerta para la detección precoz, como cambios de conducta, absentismo, bajada del rendimiento académico, somatizaciones o alteraciones emocionales.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue el espacio de diálogo, estructurado en tres niveles de trabajo colaborativo sobre la gestión de conflictos y la violencia entre iguales en el ámbito juvenil. Este espacio permitió compartir experiencias, retos y estrategias restaurativas desde la práctica cotidiana.
Se reflexionó sobre cómo ayudar a niños, niñas y adolescentes a identificar su propio malestar y reconocer conductas violentas normalizadas como insultos, humillaciones, empujones o gritos a menudo interpretados como bromas.
Entre las principales conclusiones, se destacó la importancia del vínculo educativo, la educación emocional y el trabajo coordinado con familias y servicios sociales. También se compartieron herramientas como sociogramas, dinámicas de aula, role-playing y observación de indicadores de malestar tanto en quien sufre como en quien ejerce la violencia.
También se puso sobre la mesa la dificultad de distinguir entre una toma de conciencia real y respuestas simuladas por presión externa, así como la necesidad de más tiempo, recursos y formación específica.
Este bloque se centró en la necesidad de ir más allá de la conducta visible para comprender qué necesita realmente ese niño, niña o adolescente.
Se remarcó la importancia de enseñar a diferenciar entre aquello que se quiere y aquello que realmente se necesita, así como de generar espacios físicos y emocionales seguros donde expresar emociones sin juicio.
También se insistió en la necesidad de transformar la culpa en responsabilidad mediante herramientas como tutorías individualizadas, buzones de confianza o círculos restaurativos.
El último nivel abordó cómo reparar el daño causado y reconstruir la convivencia.
Se destacó la necesidad de separar a la persona de la conducta, evitar etiquetas permanentes y escuchar a todas las partes implicadas, respetando especialmente los tiempos de la persona afectada. También se remarcó que la responsabilidad es colectiva y que el grupo y el contexto forman parte de la solución.
Finalmente, se puso en valor la importancia del trabajo en equipo y la supervisión profesional, reconociendo que las propias vivencias también pueden influir en la intervención.
En la mesa de experiencias comunitarias, Ramiro Ortegón (PDA Bullying - Equip SEER) y Júlia Prunés compartieron una mirada integral sobre el abordaje del bullying y la violencia entre iguales, defendiendo la necesidad de pasar de respuestas únicamente punitivas hacia modelos restaurativos, preventivos y comunitarios.
Se remarcó que la solución no puede recaer solo en una persona o en un único recurso, sino que necesita redes de protección sólidas en las que participen escuela, familias, acción social, salud, ocio educativo, deporte y comunidad.
Desde PDA Bullying se puso en valor la importancia de disponer de recursos contrastados, sistemas integrales de protección y criterios de calidad pedagógica en las intervenciones. También se destacó el impacto de la LOPIVI, que impulsa el paso de protocolos puntuales a modelos globales de protección de la infancia.
Se dejó claro que el conflicto se acompaña y la violencia se aborda. Es decir, no todas las situaciones entre iguales requieren la misma respuesta: mientras el conflicto puede convertirse en una oportunidad educativa de crecimiento, la violencia necesita límites claros, protección inmediata y procesos reparadores sostenidos en el tiempo.
En el marco del diálogo compartido, también se remarcó que muchos niños, niñas y adolescentes explican antes lo que les pasa a sus iguales que a las personas adultas, hecho que evidencia la necesidad de entrenar el apoyo entre iguales, la detección precoz y la capacidad de activar alertas en todos los espacios de socialización: centros educativos, actividades de ocio, deporte, entidades juveniles y entornos digitales.
Igualmente, se defendió la importancia de un lenguaje cuidado que no etiquete a las personas y que permita evolucionar los roles. En esta línea, se planteó transformar dinámicas disfuncionales hacia posicionamientos más saludables: de la persecución a la asertividad, de la pasividad a la vulnerabilidad reconocida y del salvamento paternalista al acompañamiento consciente.
Por su parte, Júlia Prunés profundizó en el papel determinante del grupo de iguales a través de la metáfora del Triángulo del Fuego. Explicó que para que haya fuego hace falta oxígeno y, en el bullying, ese oxígeno suele ser el público pasivo que observa, ríe o calla. Cuando el grupo no interviene, sostiene la dinámica violenta; cuando se posiciona, acompaña y pide ayuda, se convierte en parte activa de la solución.
Finalmente, se reivindicó que este cambio de mirada solo es posible con equipos profesionales que dispongan de tiempo, planificación, especialización y espacios de cuidado, así como con una comunidad implicada capaz de sostener procesos de prevención, detección y reparación.
Participación de Plataforma PDA Bullying con el apoyo de:
