El encuentro, impulsado por Reconoce en Madrid, abre un espacio de reflexión sobre el papel de las familias y la prevención integral en los entornos digitales.
El pasado 22 de septiembre de 2026, la Plataforma PDA Bullying participó en el grupo de discusión interdisciplinar del proyecto Ciber Resilientes, impulsado por la Asociación Reconoce en la sede del Consejo de la Juventud de España (CJE), en Madrid. La sesión reunió a profesionales con experiencia en el ámbito digital, la prevención y el acompañamiento emocional para debatir los retos del bienestar digital juvenil.
El encuentro comenzó con la presentación de las personas participantes. A continuación, la Asociación Reconoce presentó Ciber Resilientes, un programa que busca mejorar las competencias digitales de las familias para que puedan proteger a niños, niñas y adolescentes en el entorno digital. El objetivo es que puedan guiar a sus hijos e hijas hacia un uso responsable, ético y equilibrado de la tecnología, basándose en el acompañamiento y la confianza en lugar de la prohibición.
Para incorporar distintas perspectivas al proyecto, Reconoce convocó un grupo de discusión interdisciplinar con profesionales especializados en educación, infancia, prevención del acoso, violencia digital y acompañamiento familiar. Su visión técnica se complementará con la experiencia directa de los adolescentes y de las familias a quienes se dirige el programa.
Tras la presentación, las personas participantes debatieron los conceptos de bienestar digital y prevención e identificaron posibles puntos de conexión entre sus ámbitos de trabajo. Las reflexiones del grupo pueden orientar futuras guías de intervención, infografías y otros recursos para las entidades, así como la definición de indicadores para un posible sello de calidad Ciber Resilientes.

En el debate se planteó el bienestar digital como la capacidad de relacionarse con la tecnología de manera equilibrada, segura y consciente, preservando las demás áreas de la vida. Esta mirada incorpora la gestión del tiempo, la calidad del sueño y el impacto emocional de la actividad digital, y tiene en cuenta que las necesidades cambian con la edad.
También se reflexionó sobre el alcance de las competencias digitales y la necesidad de incluir el pensamiento crítico, las habilidades prácticas y el desarrollo emocional. Se señaló que estos aprendizajes también pueden trabajarse en actividades sin dispositivos.
Uno de los ejes del debate fue la distancia que puede existir entre el conocimiento que tienen las familias del entorno digital y los usos que hacen de él sus hijos e hijas. En este contexto, se puso de relieve la necesidad de ofrecer herramientas concretas para el acompañamiento cotidiano y de reconocer las limitaciones de la supervisión basada en controles parentales.
La dificultad para llegar a las familias a través de los canales habituales también generó propuestas. Se sugirió explorar espacios como el entorno laboral o los centros de salud para acercarles la formación y los recursos. Asimismo, se destacó el valor del ocio presencial y de los espacios de convivencia como alternativas al consumo digital excesivo.
El debate abordó la relación entre educar en un uso responsable y establecer límites protectores adecuados a la edad y la madurez. Se expresó preocupación por el potencial adictivo de determinadas plataformas y por las dificultades de las familias para acompañar su uso. Entre las medidas planteadas, se debatió la posibilidad de retrasar el acceso a los dispositivos.
Las primeras conclusiones recogen la necesidad de una prevención integral que conecte la educación, el desarrollo emocional y la salud pública. También señalan la importancia de superar la fragmentación de los protocolos y de crear entornos de convivencia que favorezcan el bienestar.
La participación en el grupo de discusión ha permitido a PDA Bullying estar cerca de entidades que trabajan por el bienestar emocional y digital de niños, niñas y adolescentes y compartir su experiencia en la prevención y el abordaje de las violencias entre iguales. Cuando estas violencias se trasladan al entorno digital, la permanencia de los contenidos, la rapidez con la que se difunden y la exposición ante el grupo pueden intensificar el daño y dificultar la recuperación del bienestar. Por ello, es tan importante que toda la comunidad disponga de criterios compartidos para prevenir, detectar y actuar.